Ajak y Fastos llegan a Córdoba para ver la consagración de la Catedral-Mezquita. El obispo Lope de Fitero y Juan de Soria les reciben por petición del Papa Gregorio IX. Sin embargo, los Eternos dicen ser peregrinos.
Fastos se cuestiona la progresión de las armas de fuego, ya que la humanidad ha está aprendiendo a usar la pólvora para la guerra.
Un Desviante con forma de oso aparece y empieza a atacar la ciudad. Juan de Soria, que había estado escuchando la conversación entre Fastos y Ajak, se cuestiona si han recibido una misión divina.
El Desviante se centra en los Eternos, mostrando un comportamiento igual al Kumiho de Corea y al Kappa de Japón. Gracias a un misterioso caballero, el Desviante no tiene otra opción que escapar.
El caballero es Juan de Soria, que promete guardar el secreto de los Eternos o del ataque.